viernes, 21 de agosto de 2015

El Peine del Viento

Ver el Peine del Viento y transgredir la ley

Ir a San Sebastián después de entrar en la espiritualidad de la espléndida catedral de Burgos, o de admirar, ver y volver a ver hasta el cansancio el
Museo Guggenheim de Bilbao, es una experiencia en verdad única.

Llegamos ya al caer la tarde para visitar y comprobar con los ojos, el cuerpo y el corazón palpitando, los inconmensurables anillos que rompen y peinan el viento del mar de San Sebastián, del escultor Eduardo Chillida.

La ocasión se presentaba al fin para mi camarada Claudine y para mí, pero el inconveniente chusco, injusto e inesperado de las llamadas autoridades, que tratan de apoderarse de lo que es y será siempre de todos, nos hizo detenernos en seco. Sí, la entrada estaba nada menos que clausurada!!! así, sin más, ni más, sin especificar hasta cuándo, cómo y por qué. Era el manotazo aplastante de la ley que decía simplemente: NO HAY PASO

Cerca de la entrada se encontraba un joven barcelonés con su madre que estaban furiosos, al igual que nosotras, pero...siempre hay una salida para aquel que
arriesga y, luego de pensarlo al menos cinco minutos y contagiadas por el
entusiasmo del chico, los cuatro decidimos escurrirnos debajo de la odiosa valla
de alambre que impedía el paso al público para contemplar esta atrevida obra.

Nos acercamos tímidos, pero no menos decididos, para admirar por fin de cerca las esplendorosas argollas. Aparecieron encajadas en las rocas, desafiando la fuerza del viento y del mar para irlos peinando como si fuera una hermosa cabellera transparente y alborotada.
Era un canto que se abría en medio de la respiración de las olas.

Los anillos de Chillida lo meritaban y nosotros saboreamos más que nunca el gusto de comprobar que las leyes fueron hechas para ser transgredidas, si no los
artistas no existirían, ni sus espectadores tampoco...










































































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